Uno nunca vuelve a donde no se le echa de menos
Eso le dije a mi madre antes de irme de mi ex casa. Ella entraba para cambiarse de ropa, por la tarde, para ponerse el chándal y volver a las diez de la noche del gimnasio. Entonces se encontró, de golpe y muy desprevista, con mi maleta abierta en medio del salón, casi terminada. Me preguntó cuándo me iba y le dije que me iba esa misma tarde. Por su cara supe que no le hacía gracia y, como siempre, tuve que ser yo la que le sonsacara lo que le pasaba. Le pasaba que "no entiendo por qué te vas de casa". A mí me pasaba que "yo ya no pinto nada aquí". Así empezaba una discusión (sin gritos, ni lágrimas, ni portazos) de dos horas. Al terminar, le quedó claro que siento que pasa de mí y que, para estar sola con SUS perros en una casa (SU casa) enorme, prefiero irme sola y tranquila a MI piso. Finalmente lo aceptó y me dejó marchar con mi maleta rosa casi terminada. Aún tengo infinidad de cosas en mi ex casa, como por ejemplo las pinzas de depilarme las cejas y el quitaesmalte. Chorradas así.
El piso tiene mucha luz; tanta que, a veces, creo que no tengo techo. El comedor, la cocina y el salón son una única pieza. El suelo de la cocina es de cristal, bajo el cual se ven unas piedras de río. El resto del suelo del piso es de parquet, clarito, como las paredes que también son claras, de un verde pistacho muy claro. En la única habitación, la mía, no tengo armario sino vestidor. El sueño de una caprichosa como yo; aunque nunca lo llenaré de ropa, porque yo soy de un par de faldas, un par de vaqueros, de camisetas, de chaquetas, y de zapatos. Me falta el fonoporta, el pomo de la puerta, la manivela de la puerta de la terraza, incluso el lavabo del baño. Pero me da igual.
Tengo una planta de hierbabuena en la terraza. Una barbacoa, una mesa de madera graaaande y una silla de cada manera. Me pongo de puntillas cuando me acerco al muro y la altura da bastante miedo. Puedo cotillear a los niños del parque, al vecino que se pasea por su casa en calzoncillos o a los enamorados que cenan todas las noches en su terraza llena de flores, ramas, hojas, tierra y macetas. Veo el mar, las montañas, el campanario. Las nubes, el humo, la lluvia caer, las luces de la ciudad cuando el Sol se esconde. El cielo azul, gris, negro o amarillo. Tejados viejos, tejas naranjas, tejas negras, gatos callejeros, palomas. Una fuente y, en el borde de la fuente, donde refresca y salpica el agua, una pareja sentada dándose besos de madrugada. Cafeterías, tiendas de ropa, de zapatos, de muebles. Carteles pegados en las paredes de otras fincas, carteles en el suelo, papeles, charcos, meriendas desperdiciadas. Motos mal aparcadas, malas hierbas, ladrillos rotos, ropa tenida. Vida.




