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La Coctelera

Princesa de Porcelana

11 Agosto 2008

Soy una desgraciada

Ade claro, lo mío no es normal. Todo lo que me pasa, he llegado a la conclusión de que es un castigo de Dios. Pero no hago más que buscar una respuesta a la pregunta qué he hecho yo mal ahora. La respuesta no la encuentro. Creo, de todas maneras, que seguiré buscando porque, como dice mi amiga Encontrada, "quien busca siempre encuentra, aunque sea otra cosa". Ya os informaré sobre lo que encuentro. De momento me encuentro con los labios tan hinchados que siento que me van a rebentar. Esa sensación de que la sangre te hierve por dentro, que la sangre late... Es lo que siento en la boca.
La semana pasada estaba en el trabajo, muy contenta porque no paraba de aquí para allá haciendo faena. Como están varias compañeras de vacaciones yo
tengo muchas cosas que hacer, y eso me encanta. Así que estaba yo intentando contestar a dos llamadas y abrir la puerta y me puse nerviosa. ¡¡No podía hacerlo todo a la vez!! Por lo menos quería hacerlo todo, si no a la vez, rápido. Rápido es igual a correr, y correr es igual a darme una hostia de morros contra el suelo. Mi compañero, el que tiene pinta de intelectual superdotado, me preguntó si estaba bien cuando yo aún estaba tratando de incorporarme, con un mareo peor que el de un domingo de resaca. Me toqué todos los dientes. "No puedo romperme otro diente, otro diente no, Dios". Los dientes estaban en su sitio y ni siquiera se tambaleaban, pero del labio no paraba de salir sangre. Tenía un corte no muy grande pero bastante profundo y en una zona (dentro de la boca) que jode que no veas. Al día siguiente lo tenía tan hinchado que no pude ni ir al trabajo.
Toda la semana comiendo a base de barritas de cereales, que es lo único que podía trocear y comer más o menos bien, y el fin de semana ya podía hacer vida normal. Hoy ya no recordaba el incidente; ya tenía el labio muy bien. Y llego a la casa a las nueve de la noche, voy a darle un beso en la cabecita a mi perra, a la puta de mi perra, y me ataca el labio. Otra vez a sangrar, a hincharse, mañana no sé si podré ir a trabajar, otra vez a sufrir a la hora de comer y lo peor es no entender "por qué, por qué soy tan desgraciada".

servido por princesadeporcelana 9 comentarios compártelo

9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

almadeguerrero

almadeguerrero dijo

Chica, sí que es una lata, espero que tus labios se pongan buenecitos y te den buen servicio, salvo besar a tu perra, que con heridas no es conveniente, por muy limpios que estén, andar besando animales.

Que te mejores de todoooooo.

Besos.

12 Agosto 2008 | 10:47 AM

encontrada

encontrada dijo

Ay chica, qué mala suerte. También dice mi abuela que hay cosas que es mejor no buscar, que llegan sólas, jeje. No sé. Espero que te mejores. Ah, tengo un amigo con la teoría de que a sus reflejos les pasa algo raro porque no tiende a poner las manos al caer como todo el mundo, sino que siempre va de bruces directamente. Si ya una vez te partiste un diente, no sé, igual también tus reflejos están alterados, jeje. Un beso guapísima, y ánimo

12 Agosto 2008 | 12:50 PM

dawn

dawn dijo

gracias por hacerme reir.., lo necesitaba...igual que tú creo que vas a necesitar un bonito beso de alguien que te quiera, para curarte ese pobrecito labio maltrecho.
un abrazo

12 Agosto 2008 | 06:38 PM

terciopelo

terciopelo dijo

Seguro que la perrita no lo hizo adrede. También es mala suerte, ahora que se te estaba curando.

Animos, lucia.

12 Agosto 2008 | 07:25 PM

princesadeporcelana

princesadeporcelana dijo

Almadeguerrero:
A muchas personas no les gusta besar a los animales; ni siquiera me gusta a mí, no lo hago muy a menudo, pero ayer se me olvidó que entre ellos se huelen el culo y esas cochinadas que hacen (siento ser tan poco fina). Y para una vez que fui a darle un beso, la perra me atacó con toda su mala leche que no es poca. Ya he aprendido la lección.
Encontrada:
Tu abuela tiene razón en parte porque ya nos llegan bastantes desgracias solas como para que vayamos buscando algo que seguramente terminará en desgracia también. Pero me siento "buscativa" últimamente jajaja.
Dawn:
Ahora que lo pienso, a mí también me hace gracia. Ayer, cuando la perra me atacó, estuve bastante rato llorando de rabia. Pero lo importante es que el dolor pasa (el físico, claro; el moral es más difícil de curar).
Terciopelo:
Sí lo hizo adrede, sí. Jajaja, tienes la suerte de no conocer a mi perra, de no haberte enfrentado a ella. En mi casa no puede entrar nadie, vamos, ni acercarse a la puerta, ni a la ventana. Esa perra es mala mala mala. Yo siempre que me cabreo digo que la voy a sacrificar, pero ya me da igual; ¡dentro de poco me voy a vivir sola!
Un beso
Lucia

12 Agosto 2008 | 09:37 PM

Montse

Montse dijo

Mi querida princesa, estas cosas pasan.
Hay veces enque una se levanta con el pie izquierdo, y pasan semanas hasta que la cosa vuelve a la normalidad. No creo que debas darle demasiada importancia. A mí, el día que no me duele algo salto de alegría, y al hacerlo me caigo y vuelvo a hacerme daño. Tomátelo con buen humor, que tú debes saber que hay cosas más graves que estos pequeños accidentes (por mucho que jodan, la verdad)

¡Un besazo!

13 Agosto 2008 | 11:53 AM

elpablog

elpablog dijo

Te voy a contar lo que me pasó a mí con seis años. En la guardería nos llevaron un día al circo y resulta que una de las atracciones era la de un tipejo (para más señas un señor enano) que pretendía andar con una moto por encima de un cable (al ser enano la moto se convirtió en minimoto) y a su vez por encima del público. Pasó lo que tuvo que pasar. El susodicho tipejo perdió el equilibrio y moto y tipejo se precipitaron hacia el público.
Adivina a quien le cayó la moto encima. A un servidor. Para más guasa se me clavó la pata de cabra en el muslo atravesándome la pierna de lado a lado. Por suerte desperté en el hospital días después y estaba todo bien.
Lo más curioso de todo es que la rueda de la moto le dió a la cocinera de la guardería en la cabeza, que vino al circo, y estuvo de baja el tiempo suficiente como para que contrataran a una distinta que cocinaba mucho mejor. Estuve un tiempo con la pierna jodida pero con el estómago mucho más mimado.
Sonará a chiste pero cada vez que oigo la frase "monto un circo y me crecen los enanos" no puedo evitar que un escalofrío suba por mi espalda, continúe por la nuca y termine haciéndome temblar las dos orejas de ser humano que tengo.
Desde entonces, ante las adversidades, mi máxima es "tomátelo con humor". Después de todo la moto pudo hacerme un buen estropicio en la zona de los cataplines u huevines, jeje...
Ánimo y tranquila que lo del labio no es nada...
Besos

19 Agosto 2008 | 12:41 AM

princesadeporcelana

princesadeporcelana dijo

Hola Pablo:
Yo siempre he odiado el circo, y después de tu historia ¡aún más1 Bueno, no es que lo odie, pero la verdad es que me aburre muchísimo. Y los payasos no son mi fuerte; la primera película de terror que vi fue la del payaso ese que salía por las alcantarillas y por cualquier desagüe. Antes de acercarme al váter o al lavabo miraba bien por si salía el dichoso payaso. Tenía tal trauma que, por mirar, miraba hasta detrás de la puerta y debajo de la cama.
Gracias por compartir tu historia
Ah! Y ya me he simpsonizado; mañana colgaré la foto
Un beso
Lucia

19 Agosto 2008 | 10:41 PM

elpablog

elpablog dijo

Hola Lucía...no, si la historia te la conté para que vieras que hay gente con más mala suerte que tú...es un mal ejemplo de consuelo, pero vamos que me apetecía contarlo...a mí tampoco me gusta el circo pero cuando eres peque te llevan y no opinas; vas y punto...

...ardo en deseos de verte simpsonizada...

besos

Pablo

20 Agosto 2008 | 01:02 AM

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Sobre mí

Diecisiete años y ya siento que he perdido gran parte de mi vida, al menos la mejor parte. Un año enferma, física y mentalmente, y ahora que me he recuperado tengo ganas y fuerzas para vivir mejor que nunca. Todo parece ser nuevo. Ahora trabajo, me he pasado de ciencias a letras en el instituto, pronto me ire a vivir sola... Hasta mis amigas parecen nuevas. En fin, sé que ahora que he vuelto a salir al mundo exterior me voy a encontrar con alegrías, pero sobre todo con decepciones. Es lo que hay; pero quiero creer que si he superado ese gran obstáculo que me arruinó la vida, nada podrá conmigo.

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