Ade claro, lo mío no es normal. Todo lo que me pasa, he llegado a la conclusión de que es un castigo de Dios. Pero no hago más que buscar una respuesta a la pregunta qué he hecho yo mal ahora. La respuesta no la encuentro. Creo, de todas maneras, que seguiré buscando porque, como dice mi amiga Encontrada, "quien busca siempre encuentra, aunque sea otra cosa". Ya os informaré sobre lo que encuentro. De momento me encuentro con los labios tan hinchados que siento que me van a rebentar. Esa sensación de que la sangre te hierve por dentro, que la sangre late... Es lo que siento en la boca.
La semana pasada estaba en el trabajo, muy contenta porque no paraba de aquí para allá haciendo faena. Como están varias compañeras de vacaciones yo
tengo muchas cosas que hacer, y eso me encanta. Así que estaba yo intentando contestar a dos llamadas y abrir la puerta y me puse nerviosa. ¡¡No podía hacerlo todo a la vez!! Por lo menos quería hacerlo todo, si no a la vez, rápido. Rápido es igual a correr, y correr es igual a darme una hostia de morros contra el suelo. Mi compañero, el que tiene pinta de intelectual superdotado, me preguntó si estaba bien cuando yo aún estaba tratando de incorporarme, con un mareo peor que el de un domingo de resaca. Me toqué todos los dientes. "No puedo romperme otro diente, otro diente no, Dios". Los dientes estaban en su sitio y ni siquiera se tambaleaban, pero del labio no paraba de salir sangre. Tenía un corte no muy grande pero bastante profundo y en una zona (dentro de la boca) que jode que no veas. Al día siguiente lo tenía tan hinchado que no pude ni ir al trabajo.
Toda la semana comiendo a base de barritas de cereales, que es lo único que podía trocear y comer más o menos bien, y el fin de semana ya podía hacer vida normal. Hoy ya no recordaba el incidente; ya tenía el labio muy bien. Y llego a la casa a las nueve de la noche, voy a darle un beso en la cabecita a mi perra, a la puta de mi perra, y me ataca el labio. Otra vez a sangrar, a hincharse, mañana no sé si podré ir a trabajar, otra vez a sufrir a la hora de comer y lo peor es no entender "por qué, por qué soy tan desgraciada".