14 Agosto 2008
No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita
Esta mañana he llegado tarde al trabajo, y encima cabreada. Mi jefe me ha llamado al oirme entrar por la puerta. "Pequeña" me ha dicho, y yo he ido con mi cara de mala hostia a su despacho. Al verme se le han quitado las ganas de echarme el puro y me ha preguntado qué me pasaba. Le he contado que mi madre me ha soltado, de golpe y de repente, en el coche, que el piso que yo iba a comprarme es demasiado caro. Eso me ha hecho enfadar en un primer momento; y he salido del coche despidiéndome con un portazo. Mi jefe, que ante todo es mi tío y me quiere como a una hija, me ha tenido reunida dos horas. Hemos estado reflexionando sobre el piso. Hemos hecho una lista de "pros y contras". En los "pros" he puesto que el piso es bonito, que está para entrar a vivir, que la zona es muy buena, que lo tengo cerca del trabajo, y unas cuantas cosas más. La columna de los "contras" era más corta, pero cada "contra" valía por varios "pros". Es un piso que me costará de vender cuando llegue su día, es pequeño, no tiene ascensor, la mayoría de ventanas dan al interior, etcétera. El "contra" más colosal es que tendría que estar pagándo una hipoteca treinta años y no podría ni comer, ni beber, ni comprarme ropa, ni ir al cine, ni permitirme el más mínimo lujo. Mi tío cree conveniente que espere un poco más. Según él, la crisis no ha hecho más que empezar y los precios tienen que bajar bastante mucho más. Según mi tío, estamos aún en la punta del iceberg, en lo referente a la crisis. La punta de un iceberg es un diez por ciento del iceberg, el noventa por ciento del hielo está bajo el agua. Pues eso, que la verdadera crisis está por llegar. Por suerte para mí, podré sacar algo de ella: una casa.
No debo precipitarme; por muchas ganas que tenga de escapar de las garras de mis padres, he de esperar. Cuando encuentre el piso de mis sueños, por el que esté dispuesta a no comer, beber, o salir de fiesta, entonces lo compraré. Los suelos serán de tarima o hidráulicos, las puertas serán acolchadas, lasparedes serán del mismo color que el techo, La cocina será enorme, el salón también. Aparecerán libros y cuadros por todos lados. No habrán plantas ni animales, sólo mis pinceles y mis pinturas.

Desear debería ser como tocar un instrumento de viento. Existe el deseo de interpretar, pero no existe la necesidad de apego a ninguna nota.
Seguramente, nos equivocaremos a lo largo de la obra; pero no importa, porque los errores también proporcionarán el contexto para nuestra práctica.
servido por princesadeporcelana
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13 Agosto 2008
Evita los extremos de la perfección.
No trates de ser perfecto en nada de lo que hagas.
Si evitas convertirte en perfecto, te estarás embarcando en El Camino del Medio.
Todos los días salgo a despejarme con alguna excusa: ir a comprar el almuerzo o cualquier otra cosa, recoger un pedido o hacer un encargo, o hacer una llamada personal. Y, aunque hoy ha sido un día tan ajetreado que a penas he tenido tiempo de salir a despejarme, he tenido que salir; hoy era preciso de verdad. Tenía que ir a la biblioteca a agenciarme un montón de libros relacionados con el budismo, la meditación y los mandalas.
Empecé a interesarme por el budismo cuando estaba hundida en mi propia miseria, es decir, cuando estaba tan asquerosamente flaca que creo que mi cuerpo comenzaba a comerse mi cerebro por alimentarse de algo. Y la parte consciente que aún me quedaba estaba deprimida hasta un punto preocupante. El budismo y todo lo que significa, la paz interior, el equilibrio cuerpo-mente, y lo poco que sabía por aquel entonces de esa religión y modo de vida, me parecío la única salida. Fui a la biblioteca a por un libro que tuve que devolver antes de terminar. No recuerdo si fue época de exámenes o qué otras cosas tenía que hacer; la cuestión es que no volví a leer ni a practicar el budismo nunca más; fue una de esas cosas que me entró por dos ojos y me salío no sé por dónde; creo que se evaporó en mi memoria.
Hace unos días estuve pensando que me gustaría seguir enseñándome. Esa misma semana me enteré de que mi tío mallorquín se había ido de viaje a Tailandia. Esa misma semana, además, casualmente ponían en la tele un documental sobre el budismo. Las señales estaban claras: era hora de seguir con lo que había empezado. Dentro de poco, creo que ya lo he contado, me voy a vivir sola y me parece que voy a necesitar mucha paz conmigo misma. Aunque ya me siento bien con mi cuerpo, sé que no estoy siendo del todo buena con él. Engordar fue duro hasta que le cogí el gusto; ahora que estoy en mi peso ideal (al menos, ideal para mi gusto) lo difícil será desengancharme del chocolate y el helado. Con el budismo pretendo aprender a controlarme, a saber cuándo y cómo decir basta, a tener fuerza de voluntad, a no ansiar más de lo que necesito, a cuidar mi cuerpo, a cultivar mi mente, a ser feliz, a no sentir deseo porque, budistas o no, todos sabemos que el deseo es la causa del sufrimiento.
servido por princesadeporcelana
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12 Agosto 2008
Hoy ha sido uno de esos días en los que pospongo varias veces el despertador. Cuando por fin me he despertado he salido cagando leches de mi habitación y me he metido en la ducha sin importarme la temperatura del agua o lo que me echaba en la cabeza. Lo importante es que la ducha, fría o hirviendo, me ha despejado. Para cuando he ido a mirarme al espejo me he quedado: sorprendida, alucinada, flipando... Resulta que el mordizco que me dio mi perra no había deformado mi labio, sino que me lo había dejado un poco más grueso y, la verdad, más mono. Y luego estaban mis ojos, que no estaban hinchados de llorar, sino achinados. Y aunque la nariz seguía como siempre, me daba la sensación de que mi cara no era mía. No era ni más bonita que la mía, ni más fea. Era más exótica y ha estado bien lucirla por un día. Además, ya que mi cara había cambiado, he decidido hacerme otro pelo. Hoy hubiese sido el día ideal para atracar un banco. Pero no, mi jornada no ha sido la más divertida de mi vida. En la oficina me he aburrido un rato. Aunque me gusta trabajar, hay días eternos: los días como hoy, cuando no tenemos demasiado trabajo. Sólo he salido cinco minutos a la calle a lucir mi nueva cara. He ido al médico a ponerme la inyección del tétanos, es decir, la antitetánica. El doctor me ha preguntado si estaba segura de no haberme vacunado nunca contra ese virus. Yo le he dicho que, si dolía, sí que me había vacunado; pero no ha colado. Ha ido a verificar que nunca me han puesto esa vacuna y me ha dado a elegir entre el brazo o el culo. Yo he escogido el culo porque él me ha dicho que ahí duele menos, y yo me lo he creído. A los cinco segundos he comprobado que no dolía. He pegado un bote y he soltado un grito porque me ha clavado la aguja de repente y sin avisar, pero no me ha hecho daño. Eso sí, los diez minutos siguientes notaba que algo iba por dentro de mi cuerpo como si el doctor me hubiese inyectado un bicho. Mi tío, y jefe, que es el que me ha acompañado al médico, me ha dicho que es normal sentir algo raro, pero cuando ha visto que la pierna me hacía unos espasmos extraños me ha dicho que estoy como una cabra; precisamente hoy que he descubierto que soy Cabra en el horóscopo chino. La definición de cabra tenía cosas acertadas y cosas equivocadas, como todos los horóscopos que llevo leídos a lo largo de mi vida. Y la verdad es que paso bastante de todo lo Chino: de las Olimpiadas, de la comida, del horóscopo y de los sudokus que venden a sesenta céntimos. Lo único que me jode es pasar de los sudokus, pero estoy haciendo boikot contra los chinos, por tratar como tratan a los animales. Insensatos...
servido por princesadeporcelana
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11 Agosto 2008
Así de claro, lo mío no es normal. Todo lo que me pasa, he llegado a la conclusión de que es un castigo de Dios. Pero no hago más que buscar una respuesta a la pregunta qué he hecho yo mal ahora. La respuesta no la encuentro. Creo, de todas maneras, que seguiré buscando porque, como dice mi amiga Encontrada, "quien busca siempre encuentra, aunque sea otra cosa". Ya os informaré sobre lo que encuentro. De momento me encuentro con los labios tan hinchados que siento que me van a rebentar. Esa sensación de que la sangre te hierve por dentro, que la sangre late... Es lo que siento en la boca.
La semana pasada estaba en el trabajo, muy contenta porque no paraba de aquí para allá haciendo faena. Como están varias compañeras de vacaciones yo tengo muchas cosas que hacer, y eso me encanta. Así que estaba yo intentando contestar a dos llamadas y abrir la puerta y me puse nerviosa. ¡¡No podía hacerlo todo a la vez!! Por lo menos quería hacerlo todo, si no a la vez, rápido. Rápido es igual a correr, y correr es igual a darme una hostia de morros contra el suelo. Mi compañero, el que tiene pinta de intelectual superdotado, me preguntó si estaba bien cuando yo aún estaba tratando de incorporarme, con un mareo peor que el de un domingo de resaca. Me toqué todos los dientes. "No puedo romperme otro diente, otro diente no, Dios". Los dientes estaban en su sitio y ni siquiera se tambaleaban, pero del labio no paraba de salir sangre. Tenía un corte no muy grande pero bastante profundo y en una zona (dentro de la boca) que jode que no veas. Al día siguiente lo tenía tan hinchado que no pude ni ir al trabajo.
Toda la semana comiendo a base de barritas de cereales, que es lo único que podía trocear y comer más o menos bien, y el fin de semana ya podía hacer vida normal. Hoy ya no recordaba el incidente; ya tenía el labio muy bien. Y llego a la casa a las nueve de la noche, voy a darle un beso en la cabecita a mi perra, a la puta de mi perra, y me ataca el labio. Otra vez a sangrar, a hincharse, mañana no sé si podré ir a trabajar, otra vez a sufrir a la hora de comer y lo peor es no entender "por qué, por qué soy tan desgraciada".

servido por princesadeporcelana
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10 Agosto 2008
Y me vomito gritando un sueño
Aunque no salga el sábado, el domingo me quedo tirada en casa. Me despierto a las once con la boca reseca si he dormido mal o húmeda si he dormido bien, meo y vuelvo a la cama. Me levanto por segunda vez a las tres y como algo, no mucho; sé que a las seis me daré una buena merienda de esas que me doy yo "de todo un poco". Y mientras hago todas esas cosas: ir al baño, ir a la cocina, comer, ir al salón, encender la tele, espatarrarme en el sofá... mientras hago todas esas cosas en realidad estoy pensando, si he salido en la fiesta que me pegué y si no he salido en el pasado. No hay nada más presente en mi presente que mi pasado. No quiero vivir de los recuerdos, pero no puedo evitarlo. Hoy ha sido uno de esos domingos nostálgicos. Escuchando "Cadillac solitario" de Loquillo me he puesto a pensar en mis amigos. A veces necesito más hablar con un amigo que con una amiga. Además, estoy algo mosqueada con mis amigas porque no cuentan conmigo como antes. El año pasado dejé de salir por la anorexia y ahora que me he recuperado, ellas están ahí cuando las llamo, pero si no las llamo no están. No me hacen hueco en el coche para ir de fiesta el sábado, no se dignan en ponerse saldo para mandarme un mensaje, no se molestan en coger un autobus y venir a verme. Ellas están de vacaciones en el pueblo, pero en autobus, del pueblo a aquí, se tardan veinte minutos.
Anoche había quedado con H. Sigue llamándome y yo, que ya he asumido que quedamos para lo que quedamos, acudiendo a su llamada. Anoche estaba cariñoso, diciéndome que tenía muchas ganas de estar conmigo. Él iba a salir un rato y luego pasaría a por mí. Yo, para no dormirme esperándole pensé a última hora en llamar a mis amigas para salir con ellas también un rato. Como era de imaginar, no había sitio en el coche para mí. Me senté en el suelo del baño con el pelo aún mojado y lloré. Hace un año yo no quería salir de casa y creía que ellas no contaban conmigo para no agobiarme, pero ahora que no estoy enferma siguen sin llamarme y no sé qué he hecho mal. No fue mi culpa volverme loca; son cosas que pasan. Quizás no entienden que es una enfermedad yque no lo hice a propósito. No sé. Pero me sentí sola... muy sola.
Eran las once de la noche y aún faltaban bastantes horas hasta verme con H. Estuve recapacitando y planteándome una y otra vez si de verdad quería quedar con él. No quería. Y si quedaba le diría que ya no podíamos vernos más. Le diría que voy a volver con mi ex, aunque fuese mentira. Estuve dándole vueltas en la cama. Apagué el movil y me dormí.

servido por princesadeporcelana
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